Largas e interminables tardes en novaire.
Hoy es una de esas tardes en la que te pesa todo el cuerpo y no tienes ganas de hacer nada. Aparte y para desgracia de una se hacen aún más pesadas cuando en las primeras horas no olles más que la tele a todo volumen porque los pobrecicos ni se enteran y miras al salón para no ver más que personas que les pesa la cabeza e intentan no dormirse sin merito ninguno porque al final acaban cayendo. Y para más inri se te acumula la hora de sueño del adelantamiento de la misma dandote más pesadumbre aún.
Por lo que respecta al resto de la tarde no se hace mucho más alegre puesto que el único vocabulario que utilizas es “Hola, buenas tardes” o ” Adiós, buenas tardes” o ” ¿a quién viene a visitar, por favor?”. El único momento que te hace levantar el ánimo es el ratillo de la merienda, momento del que puedes desconectar, pero tampoco mucho porque solo te dan un cuarto de hora… en el que te encuentras frente a frente con la comida que no has probado desde el medio día y que has tenido que comerte en cinco minutos y de pie por no adelantar la hora la noche anterior debido a calentamientos no liberados que no te han dejado ni dormir, ni pensar, ni ná de ná.
Después de esto el ritual de todas las tardes: Avisar la cena de la primera planta, a los poco minutos avisar a los familiares de que el horario de visitas ha finalizado, pasar dichas visitas al Resiplus, imprimir el informe diario, cambiar la sesión del ordenador, bloquear lineas de la centralita, poner el servicio de noche… DEU!! QUE MALA ES LA RUTINA.